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Aunque nada tengan que ver entre sí, estos pececillos brillantes, plateados y semitransparentes son muy similares en cuanto a su tamaño, apariencia y sabor.
Miden unos 17 cm de largo y desovan en agua dulce.
El de mejor calidad es el eperlano, que tiene un aroma delicioso —hay quien dice de pepinos, quien de violetas— cuando está recien pescado.
Esta fragancia desaparece, sin embargo, muy rápidamente, de modo que si al comprarlos ya no la tienen, no hay que pensar por eso que estén pasados.
Todos necesitan un trato delicado; se les ha de dejar la cabeza y la cola y limpiarlos a través de las agallas.
Guía para la compra: son mejores en invierno y primavera, pero hay años buenos y malos para el eperlano, de modo que lo mejor es comprarlo cuando se encuentra, ya que puede pasar mucho tiempo sin que se lo vuelva a ver.
Los mejores métodos de cocción: tradicionalmente se ensartan por la cabeza en una broqueta, también se pasan por leche para después pasarlos por harina y se fríen en abundante aceite caliente.
